Arrieros somos, andando vamos y en el camino nos encontramos

Marisol Barroso

Mixta
Acrílico, óleo, resinas, hoja de oro, entre otras.

Acerca de la Obra

La charrería, una tradición mexicana heredada al mundo entero.

Acerca del Artista

Marisol Barroso

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Nacida el 4 de diciembre de 1979 Nacionalidad: mexicana Artista de vocación dedicada a la pintura desde hace más de una década, aunque desde pequeña siempre tuvo el gusto e interés por la pintura y las artes.

Descendiente de familia taurina, de la cual tomó el gusto principalmente por el arte taurino, ecuestre y abstracto. Expresión principalmente en óleo, resina, sobre tela y madera. Aplicación de arcillas, polvo de mármol y algunos otros elementos para dar vida y textura a cada una de sus obras.

Los toros de Marisol Barroso nos embisten con la mirada de rojos, azules, negros y terrosos. Algunos de ellos con un estilo desdibujado, difuminado y con cuerpos robustos de pinceladas, terminan por apaciguarse el cabo de los trazos expresionistas. Otros parecen inspirados en las figuraciones rupestres de Lascaux, Altamira y tantas cuevas prehistóricas más. En ese sentido, los bóvidos de sus lienzos manifiestan su carácter, fortaleza y bravura a través de tonalidades orgánicas como el marrón, castaño, bronceado o dorado. Sin duda, el orgullo animal de portar dos medias lunas en la cabeza, de pertenecer a una manada salvaje, de tener un pelaje pintado por la noche y por la tierra, de poseer temple en el toril y grandiosa valentía en el ruedo, de bailar con el torero hasta la muerte, de mugir desde la gravedad de sus entrañas y de volar tanto en el toreo como en el campo, se plasma en sus telas.

Por supuesto, los caballos también aparecen en sus obras, tal cual seres grabados, impresos o sellados al soporte, que representan personajes espirituales, de compañía y dignos de la más astuta charrería. Suelen estar trazados en medio de blancuras agitadas y accidentadas o bien entre tonos oscuros. Destaca la elegancia de sus posturas, su porte característico, sus movimientos y su colorido sobrio.

Por otro lado, sus abstracciones se nos presentan cargadas de materia coloreada, llenas de relieves y texturas espontáneas que al pintarse dan como resultado un especial y expresivo dinamismo de brochas impresionistas o puntillistas. Su abstracción es dura, como la confrontación del día y de la noche, como la interrupción de lo perfecto y lo imperfecto, como la oposición de lo vertical y lo horizontal, como la transición precipitada de un tono a otro y como la sensación rasposa de sus colores. Es innegable, por lo tanto, que la artista lo mismo experimenta y profundiza en la línea figurativa que en la abstracta, simplemente fluye en el dibujo, la espátula inquieta y varios elementos plásticos como resina, arcillas, arenas y gesso.